Adán Augusto López Hernández está en el centro de una mesa. A su espalda, el escudo de México, con una leyenda debajo: Senado de la República. Comienza relajado, dando sus explicaciones sobre la revelación periodística de que recibió ingresos de cuatro millones de dólares por empresas mientras era servidor público sin reflejarlo en sus declaraciones patrimoniales. Poco a poco, a medida que los reporteros presentes lo cuestionan, el rostro de Adán Augusto se tensa. También su voz, que muta de lo afable a la agresividad.
