
Pobre televisión pública. Víctima ella de tantos vaivenes políticos, víctima de la incapacidad española de imaginar una programación que esté a la altura de su cometido. Un buen día, a la pobre tele se le retiró la publicidad para abandonarla a su suerte, sin haber previsto un modo eficaz de financiación; otro buen día, se instó a los profesionales del medio a ser competitivos y, ay, si no lo conseguían: se les condenaba a rumiar su inactividad por los pasillos. Cuánto talento desperdiciado. Esta semana veía un reportaje sobre Miguel Ángel García, el corresponsal que nos hablaba desde Berlín hasta hace bien poco, hoy jubilado y parece que feliz en su retiro del Bierzo. Buen final para cualquiera esto de regresar al origen y plantar un huerto, pero ¿han de renunciar los medios a la labor de los que tanta experiencia acumulan? El periodismo es un oficio, las reglas básicas se adquieren con más rapidez cuando los mayores tutelan el trabajo de los que entran.
