La pequeña Sandra luce feliz una camiseta de su equipo favorito. Dani mira al infinito, como persiguiendo un sueño. Laura sonríe desde unos ojos azules radiantes que quieren comerse el mundo. Y Claudia deja su melena rubia al viento, adivinando a alguien querido detrás de la cámara. Todos ellos están y no están: sus vidas se han quedado congeladas para siempre en las fotografías que este jueves han levantado sus familiares frente al Congreso para reivindicar una ley integral contra el acoso escolar, la “lacra” que sufrieron esta veintena de niños, niñas y adolescentes antes de suicidarse.
