
Cuando Juliana Londoño Vélez, profesora de la Universidad de California en Los Ángeles, y Estefanía Saravia, candidata a doctorado en la misma institución, decidieron hace tres años iniciar una investigación sobre las consecuencias de la omisión al aborto, vaciaron una pizarra para dibujar un gráfico que comparara la situación de los hombres y las mujeres en el mercado laboral. La línea de los varones se mantuvo bastante estable a lo largo de los años, independientemente de si eran padres o no. La de las mujeres descendía estrepitosamente desde el momento en que quedaban embarazadas. Cuando se añadía la variable de querer acceder a un aborto y que les fuera negado, la línea de las mujeres caía casi en vertical. También se disparaban las probabilidades de morir o de enfermarse. “Negar un aborto tiene consecuencias brutales en la mujer, sus hijos y los fondos del Estado”, zanja Londoño.

