La construcción de la tercera línea de metro de Roma, la C, es casi es otra leyenda mítica de la ciudad, como la de Rómulo y Remo. Se lleva hablando de ella desde hace más de 30 años, una obra faraónica por la desesperante burocracia y lentitud de las obras públicas en Italia, pero sobre todo por las dificultades arqueológicas de una ciudad única. Basta escarbar un poco para que aparezca de todo. El metro de Roma es peculiar, dos líneas en forma de cruz con una sola intersección en Termini, porque ha evitado el centro. El reto de la Línea C, que ya estaba hecha desde las afueras, es precisamente entrar en el corazón de Roma, y este martes se ha empezado a realizar el milagro: se han abierto tres kilómetros más y dos nuevas estaciones en Porta Metronia y el Coliseo, donde ya había una vieja estación de los años treinta. Y como no es un metro ni una obra cualquiera, las dos nuevas paradas tampoco lo son: se trata de auténticas estaciones-museo, o arqueo-estaciones, donde están expuestos algunos de los tesoros que han ido encontrando al excavar.
