El fuego cruzado entre administraciones mantiene en el suelo del aeropuerto de Barajas a unas 400 personas sin hogar. Todos ―el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad, AENA y la Delegación del Gobierno― eran conocedores de la situación de deterioro que sufría el aeródromo mucho antes de que saltara a los medios de comunicación. Nunca se celebró ninguna mesa de negociación hasta que la noticia empezó a correr como la pólvora. Y una vez esto sucedió, las posturas de unos y otros han ido distanciándose con acusaciones y excusas sobre sus propias responsabilidades.
