Sin que se hayan calmado todavía las presiones del exterior, es decir, de Estados Unidos, emergen cada día los problemas domésticos que ha de enfrentar el gobierno mexicano en las carteras clásicas, como la educación, con buena parte del magisterio en huelga y protestas callejeras, la reforma judicial, que no deja de dar disgustos por los dudosos perfiles que emergen para jueces y magistrados y otros desajustes en la elección, la corrupción y el desabasto de medicamentos, los embrollos legislativos entre el Ejército y la Secretaria de Seguridad o las sospechas que han surgido en algunos territorios, como en Baja California, con la retirada de visas a la gobernadora por supuestas relaciones con el narcotráfico. La presidenta Sheinbaum afronta estos días todo un rosario de conflictos internos para los que no está siendo de gran ayuda la enorme mayoría lograda en las urnas y en las Cámaras legislativas. El sexenio apenas comienza y ya puede afirmarse que todos los disgustos no llegarán de la frontera norte.
